Como cada pretemporada, como cada verano posterior a un vapuleo culé, mi mente se bate en una encarnizada lucha interna. Combaten mi yo antimadridista, el que se alegra de ver a la parroquia merengona mordiendo el polvo por una vez, y mi yo antibarcelonista, asqueado de ver a ese partido político blaugrana con los humos demasiado subidos. El combate de siempre.
Pues bien chavalotes, un servidor ya empieza a hartarse. Estoy harto de ver al racista de Laporta sacar pecho por algo que han logrado otros y no él. Estoy harto de que nuestro inefable presidente saque a pasear entre risitas su barcelonismo mientras dirige a nuestra España hacia el Tercer Mundo. Estoy harto de que de la noche a la mañana salgan culés hasta de debajo de las piedras, de que de repente todo el mundo sea del Barça. Y por otro lado, no voy a negar que me hace gracia ver a Floren sacando pasta de vete tú a saber donde para fichar a diestro y siniestro. Me mola eso de abrir el Marca cada mañana para ver si ha caído alguien nuevo por un dineral. Las nuevas incorporaciones pintan bien, pero añadiendo una buena limpia ya sería la releche. Creo que quiero un Madrid renovado, competitivo al menos, plagado de buenos jugadores y no de paquetes. En definitiva, un Madrid que gane por jugar bien y no por otras cosas.
Supongo que me acabaré arrepintiendo, como siempre. Me entrarán arcadas si los veo haciendo el capullo en la Cibeles el año que viene, me pudrirá oír a Valdano, a los de Marca o a los de Antena 3 soltando blasfemias futbolísticas, y me atormentará ver hinchadísimos a quienes nunca han pateado un balón de fútbol. Pero hoy eso es lo de menos. Porque hoy quiero gritar, y quiero que lo hagáis conmigo. Así que adelante, todos juntos: un, dos, tres... ¡HALA MADRID!


