Bueno, bueno... pues parece que ya están definidas las semifinales de nuestra queridísima y entrañable Champions League. Los cuartos no han deparado grandes sorpresas: de nuevo representación masiva del fútbol inglés, y de nuevo un intruso español sumándose a la fiesta de los elegidos.
Pese a que el Barça no es santo de mi devoción, he de reconocer que lleva paseándose por Europa desde que comenzara la competición allá por septiembre. No tuvo ningún problema durante la fase de grupos, como tampoco lo ha tenido recientemente para destrozar al Olympique y al Bayern. Creo que por plantilla y juego será mínimo finalista, a no ser que se vuelva a lesionar Iniesta, que todo puede darse.
El Manchester era hace unas semanas mi favorito, pero parece que su fútbol se está diluyendo. En la Premier se ha abonado a la victoria sobre la bocina (Macheda mediante), y ha sudado la gota gorda para eliminar a un genial Oporto que a nada estuvo de ganarle en Old Trafford. Por el bien del fútbol y para nuestro disfrute, espero que Cristiano, Wayne y el Apache vayan espabilando.
El baby Arsenal viene de vencer cómodamente a un Villarreal que, por desgracia, no ha jugado todo lo bien que sabe. Yo personalmente no puedo apostar por este equipo. Sé que las comparaciones son odiosas, pero inevitablemente me acuerdo de Bergkamp, Wright o Henry cuando veo en el campo a ese tal Song o a ese tal Denilson vagando como almas en pena. Demasiada juventud y demasiada poca experiencia. Y no, Cesc no es lo que se dice que es.
Por último tenemos al Chelsea de Hiddink. Ojito. Si le habéis visto recientemente habréis podido comprobar cómo juega mucho más alegre que de normal, ha dejado de racanear, y viene de cargarse a todo un Liverpool con oficio y buen juego en un auténtico partidazo. Le sobra calidad y buenos jugadores. Quién sabe si éste será su año.
Los enfrentamientos son Barça-Chelsea y Manchester-Arsenal. Dios quiera que podamos ver una final Barça-Manchester. ¿O qué?
